HISTORIA DE MI PRIMER IRONMAN

Siempre me había llamado la atención este deporte porque me parece el más completo y exigente de todos y sabía que llegaría el día en el que lo probaría pero por un motivo u otro no había llegado el momento. Después de dos años en Madrid compaginar mi afición por el baloncesto (mi deporte de toda la vida) con el trabajo y los estudios era incompatible. No quería dejar de hacer ejercicio y me acordé… “triatlón” ¿por qué no? Me permitiría organizarme en función de mis horarios y sería una nueva motivación en la monotonía del día a día. Después de ese momento todo fue muy rápido, contacté con un club para que me guiaran al principio porque lo desconocía todo (he hecho muy buenas amistades y me han tratado genial), empecé a privarme de muchas cosas para comprar todo el material, que aunque básico, es muy costoso y me puse manos a la obra.

Tres disciplinas: “natación”… de pequeño y en verano; “ciclismo”… nunca había tenido bici de carretera y “carrera a pie” no más de una carrera de 5 – 10 km había hecho asique visto lo visto la tarea no iba a ser fácil. Al cabo de poco, me enteré de que los triatlones se dividen en función de la distancia y la de mayor exigencia es el “Ironman” (hombre de hierro) 3,8 km de natación, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera a pie. Soy un extremista para todo y desde ese momento ya tenía claro que por lo menos, lo intentaría y a medida que me informaba más sobre la carrera y las historias de superación que en ella ocurrían… simplemente me fascinó, había encontrado el reto que necesitaba en el momento idóneo pero mucho quedaba por remar.

No es la distancia adecuada para mi edad y tampoco para una persona que lleva tan poco en esto pero me planteé 7 meses de preparación con un medio ironman por la mitad y así fue. Mil momentos buenos y malos, gente que empezó el camino a mi lado y no lo terminó, otra que apareció por casualidad en los momentos difíciles y que invitaban a abandonar esta locura; madrugones, entrenamientos de muchas horas sólo, incompatibilidad con trabajo y estudios, vida social nula en ocasiones, fines de semana dedicados al deporte… En resumen, muchos sacrificios para algo que es única y exclusivamente por satisfacción personal y afán de superación. Muchas veces me he preguntado… ¿realmente te merece la pena todo lo que estás dejando de lado? Ya tengo la respuesta a la pregunta que me rondaba la cabeza en los traspiés que surgieron, de hecho, ya la tenía porque no hubiera sido capaz en caso contrario; sin dudarlo SÍ, ya no por el momento en el que cruzas la meta sino porque echas la vista atrás y recuerdas todo lo bueno; lo malo… ya te hizo fuerte en su momento.

DÍA DE LA PRUEBA

Después de haber pasado prácticamente el día previo fuera del apartamento para dejar todo a punto en los boxes, nadar un poco por el lago y ver a unos amigos de Víctor (mi compañero de batalla), dejamos todo preparado y después de cenar, a las 22:00 en la cama; había que descansar porque lo que nos esperaba sería muy exigente.

Las 5:00 de la mañana y suena el despertador aunque desde las 3:00 los ojos como platos, después de una cena contundente decido desayunar una barrita e ir al agua sólo con eso. El taxi está a las 5:15 en la puerta y nos lleva hasta la carrera. Una vez allí, todavía a oscuras, la sensación es muy peculiar, todos ultimando detalles, muertos de nervios y pocos son los que hablan. Ya nos dirigimos a la salida sin neopreno por notificación de la carrera y AHÍ es donde realmente te das cuenta, esto empieza YA. Me despido de mi hermano y ya me veo rodeado de cerca de 3000 personas que seguramente habrán pasado muchas cosas similares para llegar a ese preciso instante; cierro los ojos unos segundos y mil cosas pasan por mi cabeza.

Definiría la natación como supervivencia (patadas, codazos, agarrones…), los primeros metros transcurren así pero a medida que se hacen grupos va siendo algo más llevadero. Para mi sorpresa, disfruto bastante de la natación aunque el último km sufro bastante, el no llevar neopreno hace que me desgaste en exceso las piernas.

Llegamos a la transición para coger todo lo necesario para la bici y empiezan los interminables 180 km. La había entrenado mucho los últimos meses y me veía fuerte para afrontarlos. Los 90 primeros me encuentro bien y sobre todo en los puertos dónde consigo adelantar a bastante gente pero a continuación pago los excesos en las rectas y donde también juega un papel muy importante el tipo de bici y casco que gastes; pasaban auténticos aviones a mi lado. En la segunda vuelta de 90 tengo un pajarón de 20-30 km en el que digo… así, no terminó y el ver a gente en las cunetas tirada no ayuda; me había pasado factura el subidón del principio sin darme cuenta pero bajando el ritmo, comiendo e hidratándome bien remonta la cosa. Por cierto, el paisaje con los Alpes de fondo, impresionante.

Por fin terminamos la bici y veo a mi hermano con una cara de felicidad inmensa al ver que llego (eso no tiene precio).También escucho a alguien decir “Venga, sólo queda la maratón”… perdona? Jejej pero bueno, a por ello. Cubro bien las ampollas para que no me arruinen la carrera y me dispongo a empezar mi mejor disciplina. Los primeros km, al igual que en la bici, me encuentro muy bien y tiro fuerte pero pronto abro los ojos y me digo “calor, humedad, viento…” paciencia a ver si te va a pegar algo y no terminas. Pasan muchas cosas en la maratón, muchos alti-bajos e incluso me permito seguir a una “pro” unos minutos. Van pasando los km y cuándo peor lo estoy pasando otro participante me dice “vamos, sígueme” se pone delante y empieza a tirar; al final lo encontré y nos dimos un abrazo como si nos conociéramos de toda la vida, esas cosas te quedan en la retina. A falta de 10 km empieza la lluvia y la tormenta; justo ahí es dónde veo a Víctor por primera vez en toda la carrera y dos palabras suyas hacen que suba el ritmo y acabe con fuerza. Durante el último km no quería que terminase, mil momentos y personas me pasaban por la cabeza pero llegan los últimos metros, veo la meta y no puedo contener las lágrimas; me siento en una nube.

Muchas veces me había imaginado ese momento pero ninguna se acercaba a lo que viví, no tengo palabras para definirlo… soy FINISHER.